Hablar y caminar por la ciudad: Michael Sorkin

Posted on junio 11, 2020 por

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Su voz era clara, hablaba sobre ciudades, espacio público, sostenibilidad, equidad.  Usaba el lenguaje para comunicar ideas complejas de manera que resultaran sencillas. Hilaba con fluidez sus ideas al hablar. Parecía estar preparado para encarar cualquier pregunta con seguridad. El ritmo de su dicción pausaba por momentos para pensar y su voz se hacía un poco más grave.  Cuando las palabras brotaban más rápido, por convicción o espontaneidad, era entonces un poco más aguda. No se le identificaba un acento regional, pero estos cambios de ritmo y tono son característicos de Nueva York. 

Esa voz resonaba en las aulas del City College donde dirigió la maestría en Diseño Urbano y en la Academia de Bellas Artes en Viena, donde también enseñó y fue director del programa de urbanismo.  En las universidades importantes, en los Estados Unidos y en el mundo, pero principalmente en Nueva York, se le invitaba como conferencista, jurado de proyectos, como profesor invitado en, por ejemplo: SCI-Arc, Harvard, Columbia, Cooper Union, Yale y muchas otras. Por más logrado que fuera el entorno intelectual donde se le invitaba, siempre tenía mucho que añadir.   Algunos arquitectos panameños lo conocieron cuando asistía a los congresos internacionales Mundaneum en Costa Rica y otros países, al menos uno cursó la maestría en City College. Su voz de escritor está aún con nosotros, al leerle, aún nos transmite la certeza de quien ha pensado mucho y ordenado sus ideas. 

Fue crítico de arquitectura para el Village Voice durante diez años.  Escribió en numerosos diarios y revistas importantes.  Fue autor de once libros y editor o contribuyente en más de veinte otros. Entre los que editó están Some Assembly Required y Variations on a Theme Park, una colección de ensayos escritos por arquitectos, geógrafos, un científico de la política, todos profesores y pensadores de la ciudad. 

Su personalidad era provocadora y conciliatoria. Al hablar y al escribir no rehuyó posiciones que se consideraron extremadas y sus convicciones le permitían mantenerse firme incluso cuando solo las compartiera una minoría. Aún los que no estuvieran de acuerdo con él, mantienen la convicción en lo justo de sus causas y lo sincero de sus intenciones. 

Su andar, como su hablar, alternaba entre la prisa y la pausa.  Ese caminar lo llevó de Washington DC, donde nació, a estudiar arquitectura en Chicago,  inglés en Columbia en Nueva York y luego seguir estudios avanzados de arquitectura en MIT, en Cambridge Massachussets.  Haber combinado, en sus estudios, cursos de arquitectura con otros de literatura le permitió expresarse sobre diseños y ciudades mejor que muchos otros.  Tuvo mayores recursos de lenguaje y menos necesidad de ostentarlos. Tal vez por eso se expresaba directamente, sin las florituras y hermetismo que son frecuentes en nuestra literatura especializada de arquitectura.  Por eso sus escritos ganaron seguimiento con una audiencia mucho más amplia que otros arquitectos.

Después de MIT, volvió a Nueva York, donde se estableció en Grenwich Village y vivió allí el resto de su vida.  Siempre caminó de la casa al trabajo, su oficina por muchos años estuvo también en el Village y después en Tribeca.  

Era un ciudadano involucrado a nivel local y con proyección global.  Muy buscado como asesor, se pronunciaba sobre distintos aspectos de la planificación y gestión urbana en NY.  Más allá, estudió las ciudades que más sufrieran por conflictos o desastres y acudía a estos lugares con sus estudiantes. Así pudo entonces escribir sobre gestión de crisis y reconstrucción, por ejemplo: “Starting From Zero: Reconstructing Downtown New York” tras el 11 de septiembre de 2001; “Against the Wall: Israel‘s Barrier to Peace”;  y “New Orleans under Reconstruction: The Crisis of Planning” después de la tormenta Katrina.  All Over the Map fue una colección de ensayos propios sobre distintos temas, algunos de ellos publicados previamente. Esto muestra la convergencia entre su discruso y trayectoria. Incluso llegó a tener una editorial sin fines de lucro. 

Como buen profesor, sabía reconocer el talento en sus pares y alumnos.  Reconocía el genio ajeno y dedicó pasajes y artículos a diseños, proyectos y escritos de otros a quienes admiraba.  También, cuando alguno de ellos partió temprano, supo rendir sus respetos en conferencias y escritos. 

En occidente no es la norma que los diseñadores, en general, sean también escritores con logro.  Sorkin, era, sin lugar a dudas, un excelente diseñador y pudo haber dedicado su carrera a ello exclusivamente, la docencia y activismo los hizo por convicción. Ejerció también la arquitectura y diseño urbano durante su vida profesional en Michael Sorkin Studio y posteriormente fundó Terreform, una organización de investigación sin fines de lucro. 

En su libro Twenty Minutes in Manhattan fusionó su paso y su voz.  Hizo un curso de urbanismo hilado en recuentos de sus caminatas durante docenas de años entre su casa y oficina. Recuenta allí como los distintos edificios, calles y obras públicas son testimonio del desarrollo de su ciudad y reflejan paralelos y contrastes con otras ciudades del mundo. Nos habla desde anéctodas sobre los contrastes en uso del semáforo peatonal entre Nueva York y Viena, hasta aspectos íntimos su relación con los caseros de su apartamento con alquiler estabilizado.  

Es imposible resumir su filosofía de diseño en este espacio.  Aunque muchos de sus diseños se quedaron sin construir, la influencia de las ideas que manifestó en textos, conferencias, informes y planos se han realizado en muchas ciudades: parques y bulevares costeros o ribereños con abundante vegetación, veredas y mobiliario, cuyas veredas reflejan los flujos de personas en el centro de la ciudad; zonas centrales de usos mixtos; edificios de vivienda a escala humana con fachadas interactivas, Sus diseños para edificios, puentes peatonales y ciudades enteras, encontraban inspiración en formas vegetales, con una soltura envidiable.   Mucho se puede aprender de su obra para implementar en diseños urbanos y arquitectónicos en Panamá y no tengo duda que diseñadores e intelectuales locales han tenido su influencia. 

Falleció el pasado 26 de marzo a los 71 años, tras complicaciones de salud por el COVID-19.  La comunidad global de profesionales, intelectuales, docentes, estudiosos y entusiastas de la arquitectura, ciudades, planificación, sostenibilidad y causas por la equidad social lamenta su partida prematura y celebra su vida.  De alguna manera su partida refleja como en su vida centraba en la relación entre la ciudad en que vivió y los fenómenos globales de la época. Su legado permanente está vivo en la literatura y en los saberes y actitudes impartidos a más de una generación de amantes de las ciudades. 

Para cononcer más de su trabajo visite la web de Michael Sorkin Studio y Terreform.

Este artículo fue publicado originalmente en el diario La Estrella de Panamá el viernes 8 de mayo.

http://www.sorkinstudio.com/

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