MetroBus Mundial

Posted on octubre 6, 2011 por

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Juego Inaugural

Inauguración del Mundial de Beisbol Panamá. Sábado 1ero de octubre de 2011. Foto Gladys Arias.

Algunas reflexiones, tras dejar el auto para asistir a la Inauguración del Mundial en MetroBus.

Los eventos son parte de lo que da forma a las ciudades.  En las últimas décadas, las sedes de eventos mundiales como olimpiadas o mundiales de fútbol han cobrado progresivamente más importancia como impulsores de proyectos urbanos.  Seúl, Barcelona y Beijing se reposicionaron en el mapa mundial después de celebrar las olimpiadas.

En Nueva York, la propuesta para las olimpiadas de 2012 no logró obtener la sede, pero persistió como plan y a partir de ella se estableció, entre otros proyectos, el Sky Train que conecta el Aeropuerto de Newark con Jamaica Queens, pasando por Manhattan, parte de lo que se llamaba la X olímpica.

Brasil, Rusia y Qatar esperan internacionalizar la infraestructura de sus ciudades, a través de los mundiales de fútbol.

En Panamá, el mundial de béisbol se está llevando a cabo con todo éxito, lo que consideramos ha sido el resultado de una iniciativa con visión del gobierno y la ejecución de un buen trabajo por el comité organizador, presidido por analista político y comentarista radial Edwin Cabrera. (sí, reconocemos un buen trabajo, aunque hoy en día parece que el pasatiempo nacional es protestar)

En Panamá somos sede de cada vez más eventos internacionales. Impulsar esta tendencia con eventos de trascendencia internacional como este es una estrategia muy positiva. Apoyando también a un deporte en el que Panamá tiene tradición y logros.   El gran desempeño del equipo en estas fases iniciales es algo positivo adicional y muy bienvenido.

Siendo este un momento de transformación e inversión en temas de transporte en el área metropolitana de Panamá, el evento ha servido también, para que muchos conozcan el Metro Bus.  Las atinadas decisiones combinadas de: habilitar rutas gratuitas de Metro Bus al estadio desde cinco puntos estratégicos ( Albrook, El Dorado, Usma, Metro Mall y Milla 8), cobrar por el ingreso de autos al estacionamiento del estadio hacen que el evento sea una forma de poner el Metro Bus en el mapa de quienes no lo han utilizado, sea porque no se han abierto las rutas a sus destinos o, muy importante, a aquellos que normalmente no usan autos.

Hay un concepto llamado la Ciudad Análoga. Descrito por el extinto arquitecto y urbanista italiano Aldo Rossi. Plantea que cada ciudadano tiene en su mente la ciudad que conoce, los vecindarios que frecuenta, con más detalle que los que no y que hay vacíos en ese mapa en los lugares que no conoce y según eso que conoce y que sabe, se mueve, ampliando su mapa por necesidad o por deseo. Pues este evento es una forma de hacernos conocer el Metro Bus a una población que normalmente no lo haría y esto es un tema muy importante para los próximos años.

El transporte público debe tender el puente a aquellos que no lo usan aún.  Primero a aquellos que escapan de usarlo por falta de alternativas y que con gran sacrificio económico obtienen y operan un vehículo, que tal vez esté en malas condiciones o que no dispongan de ingreso suficiente para hacerle mantenimiento preventivo.

El hecho de que en los días antes de ‘la quincena’ haya  mucho menos autos circulando, quiere decir que hay una demanda potencial muy alta para un sistema de bus con la seguridad, practicidad y decencia que tiene el metro bus y no antiguo sistema de cupos individuales, pronto a extinguirse merecidamente.

También, una vez que el sistema del MetroBus, que aún no tiene un año de estar operando, se asiente y se vaya perfeccionando con paradas nuevas, zonas pagas, mejores rutas y, nos permitimos aspirar, distindos modelos de buses, unos más pequeños, para rutas alimentadoras, otros,  especiales para autopistas urbanas, con sólo asientos, ya que en los corredores es un peligro que la gente vaya a pie.

La ida hacia el estadio fue, en esta experiencia, grata y sin complicaciones.  Llegamos a eso de las 7:30PM  a la parada frente al Centro Comercial el Dorado, un joven de Mi Bus nos indicó dónde esperar y nos indicó que el último bus ya había salido, que el que perdimos por poco era un apoyo que se solicitó pero que como la nueva cola crecía esperando aún otro, se pediría áun otro bus.

También nos explicó que los buses de vuelta comenzarían a salir a las 10 PM, cosa que pensamos haber constatado mirando desde lo alto del estadio hacia afuera.

Llegamos al estadio con nuestros boletos ganados en Facebook y nos instalamos en lo alto de las gradas.  Nos llevaron cerveza fría.  Por casualidad pude ver que un señor de polo naranja de Sinaproc atendía a una joven que se quejaba de alguien que no se comportaba.  Pudimos ver que había una buena presencia de estos jóvenes de naranja y que era el mismo color que traían los vendedores de las cervezas, que estaban frías y ricas.

Vimos los actos protocolares y cantamos el himno.  Vivimos la alegría de esos primeros tres ponches seguidos del abridor nacional.  La preocupación de las 3 carreras que nos hicieron en lo alto del segundo.  Y la fiesta que fue el empate y rebase que siguió.

Asegurado el marcador, nos pudo la preocupación paternal y salimos de vuelta terminado el sexto inning.  Idea que era ya popular, por lo visto en las colas que llegaban a la parada.

El retorno si tuvo sus eventualidades, que comentamos en aras de señalar algunos ajustes por hacer y no meramente por criticar:

Los buses hacia los cinco destinos llegaban a la misma parada y a ella llegaba una sola nutrida fila.  Los señores que dirigían a los buses eran pocos y no sabían dirigir a la masa de gente a hacer fila en cinco puntos o hacer cinco líneas que llegaran a la misma parada.  Era un problema sencillo de resolver.  Cinco rótulos y unos diez policías como sugirió un colega arquitecto, hubieran hecho toda la diferencia.

La gente deseaba que los guiaran, y estaba molesta de ver irse los buses, llenos o vacíos, sin ellos por lo impráctico de la situación. Dejaban ver y oir su frustración y también lo hacían los que dirigían a los buses, pero sin que la cortesía le pudiera a su noción de autoridad.

Al rato nos pegamos a un bus de nuestra ruta, lo seguimos hasta que se paró y abrió la puerta. Al hacerlo nos adelantamos, sin realmente quererlo, a otros que esperaban en la fila mezclada.  Faltaba muy poca mala suerte para que hubiera un accidente.  Pero no la hubo.  Al rato estábamos en un bus lleno, de gente a la que el buen humor de la noche y el exitoso resultado del equipo panameño le pudo más que el inconveniente y se oían gritos y vacilones.

Después de algunas paradas el bus se fue vaciando y la experiencia volvió a ser como en la ida, tranquila y agradable.  La ciudad se ve distinta desde los amplios ventanales de estos buses, más de noche.  Y el ambiente limpio e iluminado deja años luz atrás a esos dinosaurios rodantes que cada vez vemos menos.

Llegamos, retomamos el auto y nuestro modo usual de vida.  Buscamos algo de comer y nos enteramos por radio cuando terminó el partido: Panamá 8, Grecia 3. Una ola sutil y profunda de alegría y orgullo por las transformaciones del país y su potencial para más.

Este escrito puede ser citado textualmente, completo o en parte, en cualquier medio, con fines de lucro o sin estos, siempre que se indique el título y autor del texto y/o la foto.

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