Nueva Ágora

Posted on abril 18, 2010 por

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Publicado en Diario La Prensa

Miércoles 12 de Abril de 2000

La llamada feria del productor y el consumidor es un evento espontáneo y refrescante en medio de un entorno predominantemente sintético. En medio de la agitación y el tránsito de la Vía España vemos estos toldillos llenos de melones, sandías, papayas, plantas, y todos los demás productos agrícolas, robustos, frescos y baratos.

Detrás de los restos de la estructura del supermercado que quedaba en ese lote y que queda hoy como una entrada simbólica que dice: este es el nuevo mercado, lo hemos deconstruido hasta su naturaleza esencial más pura y por lo tanto más eficiente. En este mercado es posible interactuar con los mismos productores, quienes están refelices de poder estar allí. Podemos negociar un poco el precio, pero preferimos pagarle lo que dicen, ya que da más gusto entregar dinero a alguien que trabaja duro, que a un gato gordo.

Otro aspecto interesante de este mercadillo que surge en el centro de la ciudad de sorpresa, como una florecilla silvestre, es el hecho de que está en tierras que son propiedad de empresarios de gran capital y que está justo al lado de una tienda gigante que también es otro concepto relativamente reciente en Panamá y que tiene muchas bondades intrínsecas.
Aparentemente, según dicen los propios productores que atienden los puestos de venta, son dos lotes los que componen el mercado y los propietarios de uno de ellos han dicho que podrán estar allí hasta agosto. Los del otro lote no tienen una fecha tope hasta ahora. Esto, repito, según he escuchado de voz, sin ningún tipo de confirmación formal.

La otra parte interesante es que según se rumora. Y digo mero rumor. Uno de los dos lotes, el que dicen que está disponible hasta agosto, es la futura sede de la competencia de la tienda de al lado. Si pensamos un poco en todas las ventajas que encontramos en estas cadenas de tiendas de comercio y wholesale, enormes, y que ofrecen buen precio a través del volumen en las ventas, la ausencia de lujos de sus instalaciones, y la importación de productos de países donde la agricultura está notablemente subvencionada, podemos pensar que estas ventajas se encuentran también y se pueden modelar para favorecer a estos productores pequeños medianos o grandes que venden allí.
Sería muy interesante tener un mercado como este permanentemente en el centro de la ciudad, para aprovechar las ventajas del mercado de abastos sin la necesidad de ir tan lejos, y así tal vez más y más personas aprovecharían esta oportunidad creando una sinergia beneficiosa para todos. Una simbiosis, un intercambio parejo. El mercado lo podría establecer el Estado o una entidad de microfinanzas o interesada en la microempresa.
Pienso que se puede cobrar una cifra razonable a los que tengan allí sus puestos, de tal manera que el lote se llegara a pagar y además se generaran los beneficios ya mencionados. Mejores productos a mejor precio para el consumidor y mejor precio de venta para el productor.

Además, este tipo de espacio abierto y prácticamente público, sobre todo dentro de lo que se conoce como el nuevo urbanismo sería de valor para la ciudad, ya que uno de los espacios públicos occidentales primigenios es precisamente el ágora, el lugar de comercio que normalmente se enmarca en columnatas regulares y bien definidas; esto otorga cierto valor simbólico a los restos de las columnas que enmarcan la plaza.
A partir del ágora evolucionaron los templos que con el tiempo pasaron a ser, de lugares de intercambio comercial a centros religiosos. Al privar el interés comercial, con el tiempo se convirtieron en iglesias que fueron entonces los monumentos erigidos al poder por muchos años, hasta que después fueron reemplazadas por los palacios, los edificios públicos y después los rascacielos corporativos.

En cierto sentido parecería que nuestra ciudad, a través de este pequeño gesto, está tratando de reencontrarse con el niño interior de su subconciente colectivo. Muy saludable.

El autor es arquitecto.

Artículo Publicado en La Prensa en 2000.

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